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Actualizado el 2008-03-28 a horas: 17:13:10

A propósito de un planteamiento autogestionario del Movimiento Cesáreo Capriles

Al gobierno del MAS le falta someterse a la sociedad civil

Wilson García Mérida

(Datos & Análisis).- A diferencia de la oposición fascista y de centro derecha que busca balcanizar Bolivia con auspicios de la Embajada norteamericana, la oposición libertaria al gobierno de Evo Morales, que es una oposición constructiva en función al real cambio de estructuras tal como postula el Movimiento Libertario Cesáreo Capriles, emerge con propuestas concretas que apuntan al fortalecimiento de la sociedad civil y a una flexibilización drástica de la sociedad política, resolviendo autogestionariamente problemas urgentes, básicos y cotidianos como el abastecimiento y la seguridad ciudadana.

Wilson García Mérida

Es periodista. Reside en Cochabamba.

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“Derrótennos también a nosotros, nosotros hombres armados que si estamos en la lucha por la democracia, la libertad y la justicia, no por ello tenemos derecho de asaltar el poder ni menos acapararlo… porque el poder revolucionario sólo será de y para la sociedad civil. Derrótennos”. Tales fueron las palabras del subcomandante insurgente Marcos durante la primera Convención Democrática de Aguas Calientes, en 1994, a pocas semanas del alzamiento zapatista en Chiapas, cuyos armas, decía Marcos, “son fusiles que aspiran a ser innecesarios”.

Con aquellas palabras libertarias, el estratega político, militar y comunicacional del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) definió una postura sin precedentes en la historia de la izquierda latinoamericana, acaso sólo después del asesinato del poeta Roque Dalton en manos del maoísmo salvadoreño. No es la lucha por el poder en sí mismo lo que mueve a los revolucionarios del nuevo mundo y del nuevo siglo. Porque “el poder pudre la sangre y oscurece el pensamiento”, como había dicho Emiliano Zapata según recordó el Sub Marcos en Anenecuilco. El poder sólo puede ser ejercido desde la sociedad civil, por la sociedad civil y para la sociedad civil, sin iluminados, sin vanguardias ni partidocracias en la cresta de la ola.

Tal cual el Zapatismo se propone, el instrumento táctico que sea usado para lograr los objetivos que marcan en su horizonte estratégico las clases revolucionarias y democráticas como el proletariado y el campesinado, está destinado a diluirse, a suprimirse, dentro la vorágine de la sociedad civil movilizada bajo una hegemonía libertaria; y no a eternizarse ni burocratizarse (y por tanto corromperse) tal como propugnan el neo-estalinismo y los emergentes neo-populismos de izquierda.

“Derrótennos”, le dice la vanguardia circunstancial a la base social multitudinaria, diversa y pluriétnica que tiene la fuerza y capacidad suficiente para generar, autogestionariamente, sus propios órganos naturales de poder. La vanguardia pasa, desaparece, la gente queda y la historia avanza.

El MAS debe negarse a sí mismo

La renuncia anticipada a los privilegios que otorga el “discreto encanto del poder”, es el signo fundamental de una izquierda urgente que no acaba de concretarse en el escenario latinoamericano, donde el viejo bolchevismo estalinista y maoísta viene reciclándose en alianza con arcaicos esquemas populistas, llevando a nuestros países a un retroceso hacia etapas anteriores a la caída del Muro de Berlín.

En Bolivia, el Movimiento al Socialismo (MAS) desde el gobierno no le está pidiendo a la sociedad civil que le fagocite en su seno multicultural; todo lo contrario, la consigna es “todo el poder para el Partido”.

Cuando la partidocracia busca eternizarse atrapada en el disfrute concupiscente de las prebendas estatales, la sociedad civil queda al margen, la democracia pierde vitalidad y la violencia irracional toma cuerpo. Eso es lo que está pasando en Bolivia bajo el régimen del MAS, cuyas acciones verticalistas e intolerantes están dando lugar al surgimiento de una oposición fascista y racista, liderizada por un minúsculo núcleo de empresarios antinacionales concentrados en el Oriente del país, que tiene ante sí un caldo de cultivo ideal para el retorno neoliberal, que promete ser sangriento y genocida, como todos los retrocesos.

Hoy Bolivia, ante la ausencia total de un Centrismo Ético y Democrático, se debate entre dos polos de una confrontación por el poder que no toma en cuenta las ansias de paz y prosperidad, de cambio real, que reclama la mayoría del pueblo boliviano que no milita en los partidos confrontados sino en la sociedad civil, incluidos los pueblos indígenas que comienzan a descubrir que el MAS no les representa plenamente.

Contra todo lo esperado, la crisis económica, lejos de ser una oportunidad para la transformación, es motivo de una agudización de los conflictos mientras la pobreza y el hambre hacen presa de los sectores más vulnerables de la sociedad, y en este caso, como siempre, los indígenas.

Esta crisis con incremento de hambre, subida de precios, mayor desabastecimiento y recrudecimiento de la delincuencia callejera, no llega a tocar las puertas de los ricos empresarios exógenos, políticos corruptos que gobernaron en regímenes pasados y, junto a ellos, una excluyente y privilegiada cúpula partidaria del MAS que resolvió su vida medrando del presupuesto fiscal y adulando sin son ni ton al presidente Evo Morales.

Para evitar la sangre

“Hoy, la política ya no puede conciliar, pues su objetivo es dividir y excluir; unos son cooptados por el gobierno, otros por las ‘autonomías’ de los comités cívicos (que son simples centralismos regionalistas), porque la base de la economía política boliviana es racista, rebaja a algunos y valora corruptamente a otros”. Así explica la actual coyuntura boliviana el manifiesto lanzado por la Movimiento Libertario Cesáreo Capriles, una organización anarquista surgida recientemente en la ciudad de Cochabamba reivindicando la memoria de un ejemplar intelectual libertario de los años 20.

“Para evitar la confrontación sangrienta en Bolivia” es el título de aquel documento donde los libertarios cochabambinos advierten que en este momento de crispación política, se hace evidente la amenaza de una probable confrontación sangrienta entre bolivianos, “violencia que no resolverá los problemas de la convivencia entre las culturas, sino más bien imprimirá fuertes resentimientos históricos, entre Oriente y Occidente, entre indios y mestizo-criollos, entre el área rural y urbana, que perversamente se da en confluencia con las demandas de autonomía basadas en el fortalecimiento de poder de las elites”.

El Movimiento Cesáreo Capriles, coincidiendo con la lógica zapatista, observa que la política ejercitada por el gobierno del MAS “solo alimenta desmesuradamente el poder de exclusión de sus élites, es por esto que no debemos otorgar el valor que hoy se da a lo político-institucional frente a la importancia de gestionar democráticamente a la población”.

A diferencia de la oposición fascista y de centro derecha que busca balcanizar Bolivia con auspicios de la Embajada norteamericana, la oposición libertaria al gobierno de Evo Morales, que es una oposición constructiva en función al real cambio de estructuras tal como postula el Movimiento Libertario Cesáreo Capriles, emerge con propuestas concretas que apuntan al fortalecimiento de la sociedad civil y a una flexibilización drástica de la sociedad política, resolviendo autogestionariamente problemas urgentes, básicos y cotidianos como el abastecimiento de alimentos prioritarios y la seguridad ciudadana.

Propuesta autogestionaria

Por tanto, afirman los anarquistas, “es preciso desplazar el escenario de colisión de las fuerzas políticas hacia la organización del trabajo y la satisfacción de las necesidades básicas de la población. (…). Este desplazamiento de la política implica también organizar a la sociedad, a partir de sus propias necesidades y demandas, en actual coyuntura, a partir de la distribución de los alimentos y la seguridad ciudadana”.

Se suele decir que “el poder nace de los fusiles”, habría que añadir también de los estómagos satisfechos; esto es lo que da confianza y legitimidad. En estas condiciones, desde el nivel de las organizaciones sociales autónomas se puede hacer promover a la organización de la sociedad para enfrentar los temas arriba señalados.

“Y si queremos construir seguridad, confianza y por lo mismo, cohesión social, sin enfrentamiento violento” —agrega el documento—, “el Estado debe distribuir alimentos básicos de la canasta familiar, coordinando al Ejército con las FEJUVEs, OTBs, para estructurar el control del territorio en términos reales. El gobierno debe realizar esta provisión en forma gratuita, hasta que termine el desabastecimiento. De esta manera, se enfrentará la manipulación de los grupos de conjurados respecto a los alimentos básicos”.

Entre otras propuestas autogestionarias del Movimiento Cesáreo Capriles, se postula que el Estado debe intervenir, a través del ejército, contra las redes de intermediarios, articulados a los grupos de presión de la derecha, además de brindar seguridad ciudadana, en coordinación con la policía, en las ciudades. “Posteriormente el estado debe promover la organización de empresas productivas y la creación de puestos de trabajo, entre los grupos sociales más vulnerables como la mejor forma de integrar y cohesionar a la población boliviana”.

En otras palabras, el MAS debe retornar a sus orígenes de la sociedad civil, y descolgarse un tanto del jugoso y prebendal árbol de la sociedad política.

…………………………….

llactacracia@yahoo.com

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