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Actualizado el 2006-08-16 a horas: 05:37:59

Respuesta necesaria al artículo "Pacto Militar Campesino, versión 2006"

Hay que defender el proceso de tipos como Iván Arias

Wilson García Mérida

(Datos & Análisis).- El pasado 10 de agosto, Bolpress reprodujo una columna que el "experto en descentralización y pueblos indígenas" Iván Arias Durán publicó en el periódico La Razón. Titulaba la nota, con insidia y mala fe de entrada: "Pacto Militar Campesino, versión 2006", descalificando la parada militar que los pueblos originarios protagonizaron en Sucre al inicio de la Asamblea Constituyente.

Wilson García Mérida

Es periodista. Reside en Cochabamba.

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Antes abordar consideración alguna en torno al contenido de aquel sinuoso y deplorable artículo, es menester aclarar quién es su autor, y lo haremos en pocas palabras: fue Viceministro de Desarrollo Sostenible primero, durante el gobierno de Hugo Banzer Suárez, y luego Viceministro de Participación Popular al servicio del gobierno de Jorge Tuto Quiroga. En las elecciones del 2002 fue candidato a diputado plurinominal por La Paz, encabezando las listas de Acción Democrática Nacionalista (ADN).

No es en sí condenable aquella vinculación con un régimen antinacional o con un partido anti indígena; pues en una sociedad democrática todo ciudadano ejerce su derecho a elegir libremente su opción de vida pública y privada con los escrúpulos y la moral que le corresponden. El detallito que diferencia al señor Arias con aquellos ciudadanos que eligen la derecha y la prebenda (que son lo mismo) por nacimiento, educación o herencia de casta, es que él se puso en planillas privilegiadas del Estado neoliberal, cobrando en dólares, a nombre de los indígenas de Bolivia y claudicando de su declarado compromiso libertario con los pobres del país. Filemón Escóbar fue su traicionado mentor antes de traficar con sus ínfulas de katarista pragmático que ancló en el partido del ex dictador fascista.

Para hacer lo que ha hecho Iván Arias en política, hay que tener una buena dosis de cinismo rebosante en el rostro. Es ese cinismo el que se destila en su columna de La Razón. Pero en el artículo de marras, al cinismo Arias le añade mala fe, deshonestidad intelectual y mediocridad ideológica.

Comienza el autor mofándose de los periodistas que manifestaron su conmoción ante las características que adquirió el desfile indígena en la ciudad de Sucre, aquel 7 de agosto en que se celebraba el 181 Aniversario de las Fuerzas Armadas de Bolivia, un día después de la inauguración de la Asamblea Constituyente.

Iván Arias, alias "el negro", pretende minimizar la trascendencia revolucionaria de aquel encuentro indígena-militar, negando falsariamente que es la primera vez que Bolivia vio un encuentro con tales características profundamente democráticas. A lo mejor niega también que es primera vez que en Bolivia gobierna un líder indio.

Para este "experto en pueblos indígenas", Evo Morales es lo mismo que René Barrientos Ortuño. No hay diferencia alguna entre aquel luchador campesino que hoy es el Presidente elegido con la mayor votación registrada en nuestra historia democrática, y aquel dictador golpista y militar que ordenó en el 67 el asesinato del Che Guevara.

Entonces resulta, para el "negro" Arias, que el desfile indígena del 7 de agosto, cuando los pueblos originarios saludaban a las FF.AA. con banderas tricolores y wipalas, no es más que una vulgar repetición del Pacto Militar Campesino inventado por Barrientos. Y lo dice con un cinismo sangrón:

"Lo visto este fin de semana es la versión actualizada, rebosada, una especie de reposición de Kinkong a lo moderno, de escenas repetidas al cansancio durante el gobierno del general Barrientos (1964) y en los sucesivos regímenes militares hasta finales de los setenta" (sic).

Aparentando un toque de intelectualidad y academicismo con el propósito de consumar su impostura, el autor en cuestión cubre el resto de su columna transcribiendo una parte del libro "Sindicalismo Campesino" del padre Gregorio Iriarte, donde se describen las evidentes formas prebendales y nepóticas con que el dictador Barrientos había corrompido a los dirigentes rurales dentro el Pacto Militar Campesino. Con semejantes manipulaciones, tan deshonestas intelectualmente, Arias no está lejos de justificar la reciente masacre de niños palestinos perpetrada en el Líbano por el ejército israelí, invocando los martirios que sufrieron los judíos en manos de Hitler; y para eso usaría citas del Diario de Ana Frank con el misma desfachatez que tuvo al citar el libro de Gregorio Iriarte para descalificar la marcha indígena del 7 de agosto.

La terquedad con que Iván Arias equipara a Evo Morales con René Barrientos desnuda la mediocridad académica de este ex Viceministro del neoliberalismo. ¿Cómo pueden los organismos internacionales ligadas a la problemática indígena contratar como "consultor" a alguien que confunde un régimen dictatorial castrense donde se masacraba impunemente para proscribir a la sociedad civil, con un proceso de profundización democrática donde las diversidades étnicas, culturales, económicas y sociales afloran como motores de la transformación?

Nunca se dio en Bolivia lo del 7 de agosto, ni siquiera cuando las republiquetas de 1812 juntaron las guerrillas criollas con las hordas aymaras como en la batalla de Aroma, mucho menos cuando los libertadores señoriales usaron en su vanguardia comunarios como carne de cañón en los campos de Junín y Ayacucho. Hubo una leve confluencia cuando Hilarión Daza y Narciso Campero revirtieron su correlación de fuerzas para derrocar a Melgarejo apelando a la organización de guerrillas indígenas que cercaron El Alto y la Garita de Lima con las huestes ya armadas de Zárate Willka; pero la hegemonía nunca fue originaria y por eso el decepcionante devenir de la Revolución Federal. En el proceso de la Revolución Nacional, es inolvidable la imagen del presidente Gualberto Villarroel y su Alto Mando Militar entregando tractores a una multitud de 50.000 indígenas de todo el país concentrados en Ayo Ayo en octubre de 1945 (lo más parecido, aunque siempre lejano, a Sucre del 2006). Las milicias campesinas del 52 que hicieron sus cuarteles con instructores soviéticos en Quillacollo y Ayopaya, manipuladas desde un comienzo por la partidocracia del MNR, terminaron desarmadas precisamente por la dictadura de Barrientos que impuso el Pacto Militar Campesino para aplastar todo indicio de autonomía indígena. Además que aquel campesinado en ningún momento se reclamó indígena o indio. Aspiraba a ser clase media ciudadana según el proyecto hegemónico burgués-nacional del MNR.

A pesar de estas incontrovertibles evidencias históricas, tan diferenciadoras respecto a esta coyntura, Iván Arias reduce el actual proceso al tamaño de su mezquina y corrompida visión, y por su boca hablan el tutismo y el adenismo:

"Como verá estimado lector no es que estemos descubriendo la pólvora social con el actual gobierno. Así como el MNR y los militares manipularon al campesinado en contra de los mineros y de todos aquellos que se oponían a los gobiernos de turno, esperemos que este endiosamiento indígena por parte del MAS no sea para enfrentarnos entre bolivianos o amedrentar a los que discrepan con el actual régimen" (sic).

Si en algo vamos a coincidir con Arias es que en todo proceso, aún siendo revolucionario, existen los peligros despóticos y partidocráticos. Así fue desde los jacobinos, pasando por los bolcheviques y ni qué decir del Kramer Rojo, hasta llegar a la piña sandinista. El estalinismo que mata trotskys y roquesdaltons es un virus que contraen todos los movimientos populares y revolucionarios, cuando los procesos enfatizan la búsqueda del poder político -fortaleciendo la coerción estatal, caudillesca y partidaria- a costa de debilitar a la sociedad civil y dificultar las autonomías comunitarias. Es cuando lo vertical predomina sobre lo horizontal, como diría el subcomandante Marcos. El MAS no está exento de estas tentaciones autoritarias, de hecho va cayendo en ellas, donde inclusive ronda la corrupción típicamente movimientista como la representada por Jorge Alvarado. Pero creemos que no por ello se debe obrar como lo hace Iván Arias, estigmatizando este proceso con prejuicios y falsedades de mala fe.

Quienes apostamos a la radicalización de la democracia en este singular proceso histórico que vive el país, creemos en la autocrítica y en la valor revolucionario de la verdad y la ética.

Y por eso proclamamos: Hay que defender el proceso de tipos como Iván Arias.

--- ---Enlace al artículo de Iván Arias que motivó el presente comentario:
http://www.bolpress.com/opinion.php?Cod=2006081508

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