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Actualizado el 2006-01-16 a horas: 22:18:43

A propósito del perfil diplomático del Presidente Indígena de Bolivia

Evo: más Mandela, menos Chávez

Wilson García Mérida

(Datos & Análisis).- Evo Morales le ?perdonó? a Estados Unidos por las ofensas del imperio, y lo hizo desde el país de Mandela; no lo habría hecho desde un micrófono belicoso de Hugo Chávez. Tras la gira de Evo, al gobierno de Bush no le quedará otra opción que entablar diálogo amistoso con el nuevo régimen boliviano, al cual los norteamericanos pretenden estigmatizar de ?narco-terrorista? con el fin de aplicar en Bolivia políticas interventoras similares a las que ensangrentaron Afganistán o Irak.

Wilson García Mérida

Es periodista. Reside en Cochabamba.

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La historia recuerda que cuando era descuartizado por soldados españoles el 15 de noviembre de 1781, el héroe aymara Tupak Katari murió lanzando una profecía: “Volveré y seré millones”. La advertencia del mártir indígena se convirtió en un credo dentro la religión politeísta andina que preveía un tiempo nuevo, el Pachacuti, y un nuevo amanecer, el Jacha Uru, para los pueblos que habían perdido su historia tras el secular despojo colonial.

Dos siglos después la profecía de Tupak Katari se cumple casi al pie de la letra: Evo Morales Aima, un indio nacido en las orillas del sagrado Lago Poopó, rompió la maldición imperial con más de un millón y medio de votos en las urnas, pacífica y eficientemente. ¿De qué otro modo sino podía haber renacido el espíritu katarista?

Las elecciones del 18 de diciembre fueron el advenimiento del Pachacuti y la posesión del Presidente Indígena el próximo 22 de enero será el Jacha Uru. Y el esplendor de este Gran Retorno ya está conmoviendo al planeta entero. El triunfo avasallador de Evo Morales con el 54% de la votación nacional —que no tiene precedentes en la historia latinoamericana— en unos comicios donde los niveles de abstencionismo fueron mínimos (15% contra 28% en las elecciones del 2002 para un electorado de 3 millones de sufragantes) sólo podía ser aislado y satanizado debido al bloqueo internacional propiciado por los modernos opresores, tal cual sucedió en su momento con la revolución cubana.

La necesidad de hacer prevalecer el contundente triunfo de diciembre ante el resto del mundo, en previsión al inminente bloqueo propiciado por el Departamento de Estado, forzó a Evo Morales a improvisar una gira por nueve países en cuatro continentes antes de su posesión, y el resultado de ese viaje —como no podía ser de otra manera— no sólo fue favorable para Bolivia y su nuevo Gobierno. El mundo ya no es el mismo desde que Evo Morales paseó por los continentes llevando el mensaje de Tupak Katari a los pueblos de ultramar.

Diplomacia libertaria

Según informa el periodista Alex Contreras Baspineiro, quien acompañó en el periplo a Evo Morales, el electo Presidente Indígena “logró para su gestión de gobierno la condonación de la deuda de su país avaluada en más de 100 millones de dólares, créditos concesionales por más de 200 millones de dólares, donaciones por más de 70 millones, la tecnificación y maquinaria agrícola por 15 millones de dólares, varios proyectos de alfabetización, instalación de radios comunitarias, carnetización masiva y otros de educación, salud y deporte que son muy significativos”. Además, dice Contreras, Evo logró un respaldo incondicional de un sin fin de organizaciones sociales, políticas y de los presidentes de todos los gobiernos con los que tuvo ocasión de reunirse.

Este líder indígena que conmovió al mundo demostrando que es posible una revolución social y política a plan de votos y no balas, evitó que su próximo régimen sea víctima de las confabulaciones diplomáticas de Estados Unidos antes de posesionarse; pero también consiguió un vasto respaldo internacional para asistir a uno de los países más pobres del planeta, alcanzando una simpatía unánime que ningún jefe revolucionario del siglo XX había logrado con tal contundencia mediática.

Fue en esa circunstancia que el nuevo Presidente de Bolivia protagonizó una genuina revolución diplomática imponiendo su original estilo político y personal. “Cauto y medido” —según observara el cronista del viaje—, “reconoció ser admirador del Che Guevara, del Sub Comandante Marcos, de Nelson Mandela y también de Mao Tse Tung; anuncia ser amigo personal de los presidentes Fidel Castro, Hugo Chávez y Luis Inácio da Silva; y declara públicamente ser antineoliberal, antioligárquico y antiimperialista”. Pese a tan radicales nexos ideológicos, Evo fue recibido con honores por gobernantes democrático-liberales como el socialista Zapatero, el conservador Jacques Chirac y hasta por los reyes de España. Al gobierno de Bush no le quedará otra opción que entablar diálogo amistoso con el nuevo régimen boliviano, al cual los norteamericanos pretenden estigmatizar de “narco-terrorista” con el fin de aplicar en Bolivia políticas interventoras similares a las que ensangrentaron Afganistán o Irak.

Más Mandela

La aparición de Evo Morales en el escenario de la política internacional ha catalizado el potenciamiento de la izquierda en este plano mundial; además de haber introducido elementos diferenciadores entre cada una de las corrientes representativas del campo izquierdista. Hasta antes de Evo Morales, al menos en América Latina, los únicos referentes de la izquierda en tanto modelo de acción eran Fidel Castro como líder de una revolución que sobrevive ejemplar y dignamente ante el bloqueo norteamericano, y Hugo Chávez como caudillo de un proyecto bolivariano que no oculta una tendencia paternalista y casi autoritaria expresada en las veleidades mediáticas del presidente venezolano.

Evo Morales representará un apoyo decisivo para la preservación de la revolución cubana ante el concierto de los pueblos, y a la vez puede convertirse en un aliado regulador de las pulsiones intervencionistas y belicosas del bolivariano Chávez, garantizando así un proceso revolucionario democrático y libertario en el continente.

La nitidez con que se perfila el papel histórico del primer Presidente Indígena del mundo, emergió precisamente durante su reciente gira y tuvo su momento definitivo en Sudáfrica, país donde, sin duda, Evo Morales asimiló una experiencia que marcará profundamente su devenir ideológico y político. Al menos es de desear que así sea.

A diferencia de Venezuela donde Evo fue recibido por un omnipotente, soberbio y “apadrinador” Hugo Chávez, el líder del MAS en Sudáfrica conoció a una comunidad de dirigentes negros en el gobierno de Pretoria, donde, según el periodista testigo Alex Contreras “recibió el respeto y la solidaridad del Presidente Mbeki y en una reunión con los negociadores del proceso de paz en este territorio, Ciryl Ramaphosa y Ruelff Meyer, encontró las similitudes de la lucha de los pueblos”. Evo se reunió también con el ex mandatario y premio Nobel de La Paz Frederick de Klerk.

En efecto, Evo Morales se sorprendió por la similitud de problemáticas entre Sudáfrica y Bolivia. En ambos países el problema de la segregación racial es un factor central de la discusión política y se puede incluso equiparar ciudades como Soweto en las cercanías de Johanesburgo o El Alto en las laderas de La Paz, las cuales son un conglomerado de tribus urbanas desde donde surgieron las movilizaciones negras que aplastaron al Apartheid o las revueltas aymaras que hicieron posible el ascenso de un gobernante indio. Los “townships” sudafricanos donde los negros pobres son aislados del resto de su territorio, son pavorosamente idénticos a los ayllus quechuas y aymaras donde viven cientos de miles de indígenas miserables.

Evo Morales no alcanzó a reunirse con Nelson Mandela, quien se hallaba fuera de su país, pero es clara la identificación del líder boliviano con aquel héroe de la paz social. Igual que Mandela, Evo también tiene en su historial político importantes episodios de lucha no violenta, como aquellas inolvidables jornadas de vigilia y “acullicu” resistiendo pacíficamente el plan norteamericano para militarizar las zonas productoras de coca en mayo de 1992.

Evo Morales le “perdonó” a Estados Unidos por las ofensas del imperio, y lo hizo desde el país de Mandela. No lo habría hecho desde un micrófono belicoso de Hugo Chávez.

Menos Chávez

A no dudarlo, el gobierno de Hugo Chávez es un aliado fundamental en la coyuntura inmediata, al igual que el brasileño Lula, fundamentalmente en materia de la defensa de recursos naturales estratégicos como el gas. La estatal venezolana PEVESA y la brasileña mixta PETROBRAS podrían facilitar una alianza societaria para hacer posible la refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB, empresa liquidada durante el régimen de Goni Sánchez de Lozada) dentro el plan de Evo Morales para nacionalizar los hidrocarburos, riqueza actualmente en manos de 12 transnacionales gracias a las leyes gonistas.

Además, los gobiernos de Brasil y Venezuela están dispuestos a prestar cooperación técnica y financiera en diversos ámbitos del desarrollo humano y productivo, disponiendo de los excedentes que generan aquellas prósperas economías. Sin embargo, en el caso del presidente Chávez, hay indicios de que la cooperación venezolana tiene un solapado condicionamiento político orientado a fortalecer la hegemonía chavista en Sudamérica, como parte de la estrategia de expansión “bolivariana” impulsada por el gobernante militar.

Para los genuinos indigenistas, la idea de repetir la experiencia de Simón Bolívar a estas alturas de la historia tiene una cara oculta reaccionaria y autoritaria. Si bien es cierto que el ícono de Bolívar y el discurso bolivariano enmarcados en la lucha anti imperialista —desde la perspectiva de Hugo Chávez— resultan útiles y motivadoras para denunciar los afanes neocolonialistas de Estados Unidos, esta ideología es en esencia anti-indígena y antidemocrática, como lo fue el propio Simón Bolívar.

Carlos Marx, en su ensayo “Simón Bolívar y Ponte”, demostró con rigurosa exactitud las imposturas políticas y militares del magelómano libertador; sus orígenes como soldado represor al servicio de la corona española; su participación en el asesinato de líderes plebeyos como el dirigente mulato Manuel Carlos Piar, quien le hacía sombra en su camino hacia el poder y la gloria; sus vínculos financieros con la corona británica para entregar los mercados de las naciones liberadas al capital inglés; y su afán de convertirse en dictador de Sudamérica mediante una Constitución Vitalicia que se puso a prueba precisamente en la naciente Bolivia. Ver al respecto:

http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/58-boliv.htm

http://www.rebelion.org/docs/6644.pdf

Los bolivianos nos aprestamos a celebrar una Asamblea Constituyente para refundar esta república “creada” por Bolívar, la cual nació sobre las tumbas de miles de guerrilleros indígenas olvidados y marginados de la memoria republicana donde predomina la mirada oligarca, señorial y anglófila de Bolívar. Con un Presidente Indígena que ninguno de los “libertadores” de esta tierra imaginó jamás hacen casi 200 años, Bolivia volverá a nacer sobre bases muy distintas a las del ideario criollo representado por el comandante Chávez.

Ergo: para la Bolivia indígena y auténtica que está por renacer, Venezuela es una aliada táctica, no estratégica.

llactacracia@yahoo.com

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