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Área: Opinión >> Comentarios y enfoque
Actualizado el 2005-03-06 a horas: 01:07:11

Declaración del periodista Wilson García Mérida acerca del intento de asesinato que sufrió del 21 de agosto

El alto costo de seguir con vida

Wilson García Mérida

?Ya el 29 de septiembre del 2004 pedí la realización de al menos seis diligencias fundamentales, ninguna de ellas ha sido cumplida hasta el momento, y se busca más bien concluir la investigación de manera incompleta, definiendo un hecho común de "asalto callejero con lesiones leves". He intentado hacer conocer sobre estas irregularidades al Ministro de Gobierno, Dr. Saúl Lara, y al propio presidente Carlos Mesa, pero las autoridades gubernamentales respondieron a mis reclamos con una indiferencia que mata?.

Wilson García Mérida

Es periodista. Reside en Cochabamba.

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Me dirijo especialmente a mis lectores saliendo de la postración y el silencio forzado, para aclarar algunos aspectos que puntualicé ante la Fiscalía de Quillacollo a cargo de la Dra. Lourdes Llanos Rivera, respecto al intento de asesinato que sufrí la medianoche del 21 de agosto del 2004.

La investigación llevada a cabo por la Policía Técnica Judicial (PTJ) de la ciudad de Quillacollo avanzó positivamente en cuanto a la identificación, captura e imputación de los principales autores materiales, pues contribuí en ello desde un principio facilitando detalles fundamentales del hecho, y particularmente el identikit del cabecilla de los fallidos asesinos. Sin embargo dicha investigación elude y omite las circunstancias reales y concretas en que se produjo el atentado con una responsabilidad mayor que los agentes de la PTJ de Quillacollo pretenden salvar incurriendo en anomalías ostensibles.

El ataque homicida

Informé en debido momento que cuando fui atacado por tres tipos que me siguieron desde la Plazuela Guerrilleros Lanza, sobre la calle Antofagasta a corta distancia del domicilio del diputado René Vargas de donde salí minutos antes, luego de huir cruzando hacia la esquina de la calle Tocopilla y Av. Integración con el propósito de ponerme a buen recaudo ?y donde finalmente fui capturado por mis victimarios? pude identificar con plena convicción al menos al principal delincuente, que resultó ser Yerko Antonio Saavedra Cossío, alias ?El Caballo?, quien vestía ropas de guardia privado y actuó como si me conociera cuando me apuñaló con inocultable saña cercenándome el intestino entre otras secuelas letales.

Señalé también con mucha claridad que cuando los tres individuos de la banda de ?El Caballo? que me atacaron en la esquina de la calle Tocopilla e Integración no pudieron reducirme ya que me hallaba en plenitud de mis facultades físicas y mentales para enfrentarlos y resistirlos, éstos convocaron a un segundo grupo que surgió desde la esquina opuesta y paralela a la calle Tocopilla (donde se halla un local denominado ?La Alicia?), que resultó ser la banda (de al menos cuatro individuos adicionales) encabezada por Javier Vargas Mayta, alias ?El Torbellino?, quien se encargó de despojarme de mis pertenencias mientras el grupo de ?El Caballo? proseguía con su propósito de asesinarme.

Informé asimismo que fui salvado y rescatado por dos guardias de seguridad privada de la empresa ?Arcadia? quienes ?al ver la forma en que mi persona resistía y enfrentaba a los siete ?cleferos? armándome con una llave cuya punta hice sobresalir de entre mi puño derecho? se animaron a socorrerme ahuyentando a los asesinos. Según el valioso testimonio de dichos guardias, el grupo de ?El Torbellino? se dispersó caóticamente en distintas direcciones, mientras ?El Caballo? y los suyos volvieron a cruzar hacia la franja sur de la avenida de la Integración (hecho que observé yo mismo cuando me quedé aferrado a un poste telefónico antes de entrar en shock), introduciéndose por la calle General Camacho (punto hasta donde fueron seguidos por los guardias de Arcadia) hacia la misma Plazuela Guerrilleros Lanza donde se encuentra el domicilio del diputado René Vargas.

Reunión con el diputado Vargas

En mis reiteradas entrevistas con la señora Fiscal Dra. Lourdes Llanos y el coronel Ramiro Antezana, entonces comandante de la PTJ-Q, informé insistentemente y con mucha precisión que cuando sucedió aquel atentado me encontraba en plena faena relacionada con el cierre de edición de mi periódico El Nuevo Heraldo, y que durante aquella jornada laboral me dirigí a la ciudad de Quillacollo exclusiva y expresamente para sostener una reunión de trabajo con el diputado René Vargas, a quien solicité dicha reunión, vía telefónica, con ese único fin en su condición de parlamentario y como nuevo presidente de la Comisión de Participación Popular supuestamente alineado con la corriente de los diputados ?transversales?, lo cual motivó mi interés periodístico por establecer tal contacto. Según mi plan de trabajo la reunión debía ser breve y ejecutiva. Ante dicha solicitud mía fui convocado por el diputado a su domicilio de Quillacollo sin tener conocimiento sobre una fiesta de cumpleaños infantil que allí se celebraba y sin sospechar la tragedia que me esperaba.

He expuesto indicios suficientes, ofrecí pruebas testificales y exigí a la PTJ de Quillacollo se investigue lo necesario para establecer que el diputado René Vargas obró de mala fe y en forma por demás sospechosa al involucrarme en una celebración familiar sin que nunca me haya ligado a este señor nexo alguno de carácter personal, amistoso ni político, cuando tan sólo le había solicitado una simple reunión de trabajo. Fue la primera vez en mi vida que tuve un contacto directo y concertado con este parlamentario, reitero bajo un fin relacionado estrictamente con mi labor periodística, y hasta hoy no acabo de entender cómo es que intentó embriagarme en una fiesta íntima ajena a mi interés (el cumpleaños de una nieta de cinco años), sin haber sido invitado formalmente sino prácticamente obligado a participar de ella con engaños tales como la promesa incumplida de que nos reuniríamos al cabo de aquel cotillón infantil, que se prolongó empero con una forzada cena nocturna donde se libó en prolongada tertulia familiar, por lo que finalmente tuve que abandonar ese domicilio haciendo mutis por el foro, presionado por mis impostergables obligaciones laborales, circunstancia en que sufrí la persecución y el ataque a pocas cuadras de aquella vivienda (en cuyo umbral existía una caseta de guardia privado que extrañamente fue retirada pocos días después de acaecido el atentado).

¿Por qué miente el diputado?

La negligente actitud del diputado Vargas se agravó desde el momento en que este parlamentario, sin que haya mediado motivo alguno de mi parte y en un claro afán de salvar sus responsabilidades en el hecho, lanzó públicamente una serie de mentiras en torno a mi permanencia en su domicilio de Quillacollo, dedicándose además a denigrarme y difamarme en corrillos de la Brigada Parlamentaria de Cochabamba e inclusive entre periodistas de la localidad, sin contar que al día siguiente del atentado se presentó en la sala de Terapia Intensiva del Centro Médico Belga para inducirme a ocultar y negar el hecho de que habíamos ingerido bebidas alcohólicas en su vivienda, insinuación que rechacé tajantemente aclarándole que, de todos modos, no salí ebrio de su fiesta sino apenas con un inevitable aliento alcohólico que fue detectado en el quirófano sin mayor consecuencia.

Aquel atentado contra mi vida me causó un irreparable daño físico y económico (lo que me generó una sustancial deuda con el Centro Médico Boliviano Belga cuyos profesionales hicieron esfuerzos encomiables por evitar mi muerte o invalidez) y, lo que es igual de grave, la consecuente clausura de mi periódico y por tanto un atentado contra mis derechos laborales y contra la misma Libertad de Prensa indudablemente, pues quedé impedido de realizar mi trabajo durante las pasadas elecciones municipales al quedar El Nuevo Heraldo fuera de circulación.

Una investigación torcida

Todos aquellos antecedentes y detalles relativos al contexto del suceso criminoso han sido puestos en conocimiento de las autoridades policiales encargadas de la investigación. Sin embargo dichas autoridades, pretendiendo desviar el caso hacia hipótesis ajenas a la verdad, crearon situaciones irregulares como las que detallo seguidamente:

1). La mañana del domingo 22 de agosto se presentó en la sala de Terapia Intensiva del Centro Médico Belga, sin asistencia de un Fiscal, el policía Hernán Rodríguez Guamán quien se identificó como agente de Inteligencia enviado expresamente por el coronel Ramiro Antezana, según explicó, para informarme que la investigación sobre el atentado había avanzado sustancialmente con la identificación del autor intelectual de ese hecho, que según este investigador era el ex ministro Carlos Sánchez Berzaín. No descarté esa posibilidad ya que Sánchez Berzaín tiene sobrados motivos para propiciar mi eliminación, del mismo modo que como periodista asumo que este político debe responder ante el país por los crímenes cometidos en abuso del poder. Sin embargo le aclaré al agente Hernán Rodríguez que la autoría intelectual del atentado debía establecerse una vez capturado al menos el principal cuchillero a quien identifiqué nítidamente, y que tampoco debía olvidarse que el ataque se produjo a pocos minutos en que salí del domicilio del diputado René Vargas y a pocas cuadras de esa vivienda. Hernán Rodríguez insistió en que la autoría intelectual de Sánchez Berzaín ya estaba definida y que sólo correspondía una declaración informativa de mi parte avalando esa versión, ya que si no lo hacía ciertos miembros de la propia institución policial moverían sus influencias ?para sacarle de este caso al Chulupi? (sic). Cuando hice referencia, entre los varios datos indagatorios que proporcioné al oficioso investigador, sobre la sospechosa presencia de un vehículo que rondaba mi oficina en momentos en que salía con rumbo a Quillacollo para entrevistarme con Vargas, y cuyos ocupantes parecían unos ?auteros? que daban la impresión de querer robar una vagoneta Mitsubishi de mi familia que se encontraba parqueada en las inmediaciones, el susodicho Hernán Rodríguez sacó en el acto la apresurada conclusión de que se trataba sin duda de una banda de ?auteros? que habría sido enviada a mi domicilio, con el fin de seguir mis pasos, por los policías ligados a Sánchez Berzaín.

2). Al no haber conseguido su propósito de comprometerme en su estrategia de incriminar a sus propios camaradas supuestamente comprometidos con Sánchez Berzaín, Hernán Rodríguez Guamán elevó un informe ?solapadamente suscrito por el sargento Celso León y que fue hecho público oficialmente por el comandante departamental, coronel Jesús Mérida? distorsionando maliciosamente las circunstancias del atentado y, sobre todo, alejando al diputado René Vargas de cualquier investigación. Sobre esta actitud de Hernán Rodríguez denuncié ante la señora Fiscal Lourdes Llanos en mi informe del 3 de septiembre, el mismo que fue reproducido por el meridiano La Voz en su edición del 6 de septiembre. También reclamé ante el propio Comandante Departamental de la Policía, coronel Jesús Mérida, por tan truculentas formas de actuar que mostró dicho investigador.

3). El coronel Antezana se negó desde un comienzo a indagar sobre las contradicciones del diputado René Vargas en torno al hecho, arguyendo, de manera parcializada y prejuiciosa, que mi presencia en el domicilio del parlamentario habría sido circunstancial y breve, y que el atentado se habría producido mientras yo me encontraba en ?total estado de ebriedad? tras asistir a un ?acontecimiento social? fuera de la casa del diputado. Este policía intentó forzar una declaración mía en ese sentido y llegó al extremo de insinuar que mi presencia en Quillacollo se debió a razones ajenas a mi trabajo, que fui encontrado sangrando y ?tirado en el suelo? en una esquina del estadio de Quillacollo (zona de antros, a muchas más cuadras del lugar real donde sucedió el hecho) y que fui rescatado por un Patrullero 110; datos éstos, completamente falsos, que fueron incluidos en el reporte elaborado por Hernán Rodríguez Guamán a través del investigador Celso León. Esta versión distorsionada de los hechos surgió, según pude informarme posteriormente, tras una reunión sostenida entre el coronel Ramiro Antezana y el diputado René Vargas, en el domicilio de este último. Tanto el diputado Vargas como el coronel Antezana se aferran a la versión de que permanecí en la vivienda del parlamentario muy poco tiempo, que incluso me habría ?aparecido? en su fiesta ?imprevistamente?, y que me habría retirado del mismo ?muy temprano? para irme a ?beber a otra parte?. La verdad de los hechos es que la única ingesta alcohólica que consumí fue la que me indujo a hacerlo el diputado Vargas en su inesperada y prolongada celebración familiar, puesto que durante ese fin de semana no tenía propósito alguno de jaranear, tenía el tiempo medido y un plazo fatal para cerrar la edición de mi periódico y hay más de media docena de testigos, entre empresarios, legisladores y autoridades académicas dispuestos a testificar en ese sentido, además de mis colaboradores en la empresa periodística que dirijo.

4). Se persiste en sostener que al momento del atentado me encontraba completamente ebrio; pero nunca lo estuve a pesar de los empeños del diputado Vargas por intoxicarme con sus alcoholes. Salí del domicilio del diputado tras refrescarme en su cuarto de baño para abandonar su fiesta familiar en total estado de lucidez, en plenitud de mis facultades físicas y mentales, tanto así que resistí el ataque de siete delincuentes armados con armas blancas sin caer un sólo instante y la prueba de ello está en la ropa que vestía entonces: no existe vestigio alguno de tierra o polvo asfáltico en dichas prendas e incluso las manchas de sangre que quedan en ellas se hallan impecables. De hecho la operación quirúrgica que me salvó la vida fue exitosa porque mi organismo aceptó sin ningún problema el efecto de la anestesia, cosa que habría sido imposible si hubiese estado ?ebrio de chichería? como propalan el diputado Vargas y sus entornos.

5). El coronel Antezana intentó en varias ocasiones obligarme a firmar declaraciones que nunca efectué o que son una suma fragmentaria, inconexa e incoherente de varias conversaciones formales e informales que sostuve con esa autoridad. Dicho jefe policial llegó al extremo de irrumpir en la Clínica Belga para obligarme a firmar su particular versión de los hechos cuando me encontraba en pleno tratamiento de resonancia magnética para impedir secuelas de posible parálisis tetraplégica, que se me presentaron como efecto del apuñalamiento que recibí a la altura de la columna vertebral. Rechacé en tres oportunidades sucesivas firmar esas declaraciones elaboradas por Antezana, en presencia de la señora Fiscal que conoció de mi airada protesta en el acto. Cursa incluso en el expediente de este caso una declaración informativa que se me quiere atribuir con la firma anticipada del investigador asignado Celso León, y que aún hoy me niego a firmar.

6). Se pretende ahora manipular las declaraciones de los propios delincuentes, para resultar siendo yo el incriminado.

Reclamo al Ministro de Gobierno

Ante esta ostensible conspiración contra la verdad donde no están descartados los falsos testimonios, exigí rectificar el sentido de la investigación en su dimensión íntegra solicitando, vía requerimiento fiscal, una serie de actuaciones y diligencias que fueron instruidas a la PTJ de Quillacollo y que hasta la fecha no se han cumplido, poniendo en riesgo la prolijidad del proceso.

Ya el 29 de septiembre del 2004 pedí la realización de al menos seis diligencias fundamentales, ninguna de ellas ha sido cumplida hasta el momento, y se busca más bien concluir la investigación de manera incompleta, definiendo un hecho común de ?asalto callejero con lesiones leves? y no un intento de asesinato con secuelas irreversibles como fue en rigor legal.

He intentado hacer conocer sobre estas irregularidades al Ministro de Gobierno, Dr. Saúl Lara, y al propio presidente Carlos Mesa, pero las autoridades gubernamentales respondieron a mis reclamos con una indiferencia que mata.

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